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Responsabilidad Social Empresarial en tiempos de pandemia: una forma de hacer las cosas

 Responsabilidad Social Empresarial en tiempos de pandemia: una forma de hacer las cosas

Imagen ilustrativa sobre RSE. Foto creada por freepik – www.freepik.es

La pandemia  del COVID-19 vino a cambiar muchas cosas: la forma en que nos relacionamos con otras personas, nuestros hábitos de consumo, las metodologías de estudio, las actividades recreativas, el cómo utilizamos los recursos, e incluso, nuestras dinámicas de trabajo y el impacto que las organizaciones pueden tener en la comunidad y, por ende, en el mundo.

La pandemia también ha incrementado y evidenciado – según coinciden las y los expertos – las desigualdades que ya existían desde antes de que apareciera el primer caso de COVID-19 a finales del año pasado.

En ese marco, asumir los compromisos de Responsabilidad Social toma más relevancia que nunca. Esto, debido a que se trata de una forma de operar por parte de las organizaciones que reconocen sus impactos a nivel económico, ambiental y social, y realizan esfuerzos permanentes, coherentes y alineados con su modelo de negocio para disminuir sus efectos negativos y aumentar los positivos.

Además, la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no es marketing verde, no es publicidad gratuita y tampoco es social washing. Es una visión de mundo que permea a toda la organización e incluye a todos los stakeholders (accionistas, colaboradores, proveedores, clientes y comunidad).

Precisamente, por esta razón, a la RSE se le conoce como el camino a la sostenibilidad.

De hecho, de acuerdo con el ISO 26000, la RSE es la “responsabilidad de una organización ante los impactos que sus decisiones y actividades ocasionan en la sociedad y el medio ambiente, a través de un comportamiento transparente y ético que contribuya al desarrollo sostenible, incluyendo la salud y el bienestar de la sociedad; tome en consideración las expectativas de sus partes interesadas; cumpla con la legislación aplicable y sea coherente con las normas internacionales de comportamiento; y esté integrada en toda la organización y se lleve a la práctica en sus relaciones”.

Por otro lado, la Responsabilidad Social no es una estrategia aislada de una empresa; más bien forma parte de un contexto aún mayor que la trasciende.

De acuerdo con Glenda Monge de la firma especializada See Women, la Responsabilidad Social puede enmarcarse en la Agenda 2030 instaurada por las Naciones Unidas – que contempla 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible – y de los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París. Ambos instrumentos involucran a los diferentes actores de la sociedad, incluyendo la empresa privada y las distintas organizaciones.

Además, ejecutar una estrategia de Responsabilidad Social Empresarial es una decisión que se toma independientemente del tamaño de la organización o el sector en el que se desarrolla.

Es más, para la consultora internacional Lyhelis Torres, es a través de la RSE que las pequeñas y medianas empresas pueden reinventarse en el marco del COVID-19.

No obstante, aunque muchas y muchos líderes empresariales y emprendedores saben todo lo anterior, pueden existir cuestionamientos sobre cómo ser socialmente responsables ante un panorama marcado por la desaceleración económica, con más de un 20% de desempleo en Costa Rica, una mayor informalidad de las actividades productivas y el potencial riesgo de contagio de un virus que ha matado a miles de personas en el mundo.

Por esa razón, en CR Actualidad nos dimos a la labor de preguntarle a expertos en RSE de distintos sectores ¿cómo ser socialmente responsables en tiempos de pandemia? Y estas fueron sus respuestas.

Para Luis Mastroeni, director de Relaciones Corporativas y Sostenibilidad de Dos Pinos, la pandemia vino a resaltar un principio básico: si la sociedad está enferma, la empresa no puede operar.

Su opinión coincide con las conclusiones de un estudio de la CEPAL y la OPS que indicó que sin salud la economía no avanza. El documento conjunto puntualizó en que, si no se controla la curva de contagio de la pandemia, no será posible reactivar la economía de los países.

Por esa razón, en primer lugar, las empresas deben garantizar la salud y el bienestar de su talento humano. “Se vuelve necesario mirar hacia dentro y disponer a la organización de manera que se puedan acatar los lineamientos del Ministerio de Salud”, dijo Mastroeni.

Lo mismo opinó el gerente de Relaciones Públicas de la empresa trasnacional INTEL, Timothy Scott, para quien la RSE empieza por casa, desde adentro de la empresa.

De acuerdo con Scott, uno de los elementos para garantizar el bienestar del público interno de una empresa es optar, en lo posible, por el teletrabajo. Esta herramienta fue mencionada también por otros expertos consultados.

No obstante, permitir que las y los colaboradores laboren desde casa debe involucrar la toma de conciencia sobre la realidad que viven en sus hogares y brindarles las facilidades para su productividad y eficiencia.

Además, una política de teletrabajo debe, obligatoriamente, contener el enfoque de equidad de género, pues está demostrado que las mujeres que trabajan desde casa pueden estar realizando una jornada doble o triple.

Lo anterior debido a que la mayoría de las mujeres no sólo realizan sus labores de oficina sino que además se encargan del trabajo doméstico y del cuido de personas menores de edad y adultos mayores. Así lo explicó la directora de Desarrollo Social de Efecto Boomerang, Cynthia Castro.

Por su parte, Gisela Sánchez, directora de Relaciones Corporativas de la empresa Florida Ice and Farm Company (FIFCO), una de las más grandes del país, explicó que de la mano con el bienestar de los empleados deben ir los esfuerzos por sostener sus trabajos, especialmente cuando de la estabilidad del empleo depende toda la dinámica económica del país.

Adicionalmente, Sánchez dijo que las empresas pueden tomar la decisión de apoyar a emprendedores locales no sólo comprándoles sus productos sino dándoles mentoría y aportándoles recursos para el crecimiento de su negocio.

Otra de las medidas mencionadas por las y los entrevistados fue colaborar con autoridades de Gobierno (especialmente con las  encargadas de primera respuesta) y con la comunidad en la que opera la empresa – desde lo que hace la organización – para ayudar a las poblaciones y sectores más afectados por la pandemia.

Se trata de crear alianzas público – privadas y proyectos colaborativos donde se comparte un mismo fin: llevar recursos, herramientas y esperanza a la gente.

Este tipo de acciones de Responsabilidad Social también pueden ser ejecutadas por empresas públicas e instituciones del Estado. Ese es el caso del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), según comentó su presidente ejecutivo, Andrés Valenciano.

Otro ejemplo es el del Banco Nacional con el turismo y la economía naranja.

Silvia Chaves Herra, directora de Sostenibilidad de esa entidad financiera indicó que para que las empresas estatales sean socialmente responsables deben “trabajar más cerca de los diferentes públicos de interés y conocer sus necesidades; la problemática y las consecuencias que enfrentan a raíz de la pandemia”.

En resumen, algunas acciones que pueden realizar las empresas y organizaciones desde la Responsabilidad Social en el marco de la pandemia son:

  1. Realizar estudios para conocer los impactos positivos y negativos generados por la operación de la empresa y aprender a gestionarlos adecuadamente.
  2. Mirar hacia dentro y garantizar el bienestar y la salud de las y los colaboradores.
  3. Acatar los lineamientos del Ministerio de Salud ante el COVID-19.
  4. Cumplir con la legalidad y las obligaciones tributarias.
  5. Tomar medidas para proteger el empleo.
  6. Ejecutar una política de teletrabajo con enfoque de género.
  7. Generar encadenamientos y alianzas comerciales con proveedores locales.
  8. Prestar servicios de manera gratuita a poblaciones afectadas (si aplica).
  9. Mitigar el impacto de la desaceleración económica a través de moratorias, descuentos, ampliación de planes de pago (si aplica).
  10. Las empresas que no se están viendo afectadas negativamente – o incluso, de sectores beneficiados por la pandemia – pueden construir estrategias solidarias con otras empresas y emprendimientos.
  11. Realizar acciones sociales en favor de sus comunidades de impacto directo.
  12. Preparar un plan post COVID-19 desde ya, que se adapte a la nueva realidad.

Por ejemplo, en Costa Rica hemos visto rentacars que pusieron a disposición de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) sus vehículos y chóferes para entregar medicamentos a poblaciones en riesgo; empresas del sector alimentario que regalaron cientos de paquetes con comida y bebidas para familias en pobreza; compañías que donan refrigerios para funcionarios públicos que atienden la emergencia desde la primera línea; instituciones que transportan en sus propios vehículos los diarios para comedores escolares; organizaciones que donan equipo de protección personal y prendas hospitalarias a la CCSS; marcas que instalan estaciones de lavado, dispensadores de agua y suministran alcohol en gel en lugares concurridos y con mayor riesgo de contagio.

Esto sumado a iniciativas para sostener el empleo y las condiciones óptimas de trabajo de su equipo humano, y ofrecer tranquilidad en caso de contraer el virus. Además, se ha informado sobre programas y plataformas colaborativas para apoyar a las pymes en su incursión al comercio electrónico y el mundo digital con el afán de que puedan continuar operando en estas circunstancias.

Eso sí, debido a que la RSE no es filantropía ni caridad, ¿cuáles son los beneficios y ventajas de ser una organización socialmente responsable?

Para responder, hicimos un rastreo de información en Internet a partir de medios de comunicación especializados, escuelas de negocios y asociaciones empresariales, y encontramos que la RSE:

  • Reduce costos (por la disminución del consumo de energía, optimización de los procesos, y mejoras en las líneas de producción y cadenas de suministro).
  • Reduce el impacto ambiental de las compañías.
  • Aumenta la capacidad para atraer y retener talento (especialmente joven).
  • Mejora el clima laboral y la productividad.
  • Genera más fidelización de los clientes y refuerza la credibilidad.
  • Aumenta las ventas.
  • Promueve el interés de potenciales inversionistas y entidades financieras.
  • Ofrece ventajas fiscales, por ejemplo, a partir de donaciones a fundaciones u organizaciones de bien social o por la inclusión laboral de poblaciones históricamente vulnerabilizadas.
  • Mejora la reputación (valoración pública de la imagen y de la marca).
  • Es una herramienta diferenciadora.
  • Otorga una licencia social para operar (reduce el sabotaje y crea embajadores positivos de la marca).
  • Brinda sostenibilidad en el largo plazo.

En concreto, se trata de una relación ganar – ganar donde todas las partes involucradas en la operación de una empresa privada o pública resultan beneficiadas gracias a una forma consciente y responsable de hacer las cosas, ya sea en el marco de una pandemia global de salud o no.

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Floribeth González

Directora Editorial de CR Actualidad. Licenciada en Periodismo con más de 8 años de experiencia. Consultora en Comunicación Digital, Relaciones Públicas y Sostenibilidad. Especialista en RSE, Derechos Humanos y Resolución Alterna de Conflictos. Embajadora de Chicas Poderosas.

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