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Maicol, el caracol: un cuento que invita a la inclusión de todas las personas

 Maicol, el caracol: un cuento que invita a la inclusión de todas las personas

Imagen ilustrativa. Dibujo de un caracol.

¿A quién de nosotros no le gusta leer o que le lean un buen cuento? Pues, en este artículo les presento la oportunidad no solamente para distraerse y olvidar un poco lo que sucede a nuestro alrededor, sino también de hacer un viaje con siete amigos que nos enseñaran sobre la inclusión y que la normalidad en realidad en una utopía inventada por el ser humano especialista en segregar.

Las autoras Francini Bermúdez Sibaja y Laura Paniagua Arguedas de Costa Rica, tuvieron la genial idea de educar y concientizarnos a través de tan bella propuesta, sobre el hecho de que todas las personas somos parte de una diversidad que se encuentra en todo nuestro entorno, por lo que debemos aceptarla y aceptarnos tal y como somos.

Estas chicas quienes como trabajo final del posgrado llamado “Crisis de la discapacidad desde el Sur Global”, del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)” mismo que duró doce semanas, nos alertan en esta obra literaria cuyo título es: “Maicol El Caracol. Aprendiendo Sobre la Colorida Diversidad”, sobre los terribles daños que causa el sistema del capacitismo a través de sus múltiples formas de discriminación en nuestra sociedad.

Sin más preámbulos quiero dejarlas y dejarlos con este maravilloso cuento que pronto tendrá su versión en audio ya que como les mencione tiene fines educativos.

 

Cuento

Maicol El Caracol. Aprendiendo Sobre la Colorida Diversidad”

Érase una vez una montaña verde, verde, muy verde. Estaba habitada por plantas hermosas, unas tienen hojas grandes, grandes, grandes y otras tienen hojas pequeñas, pequeñas, pequeñitas. Algunos árboles se cubren de flores y luego dan frutos jugosos que las aves, los monos y murciélagos devoraban en banquetes, para luego llevar las semillas a muchos otros lugares, dejándolas caer en sus caquillas.  La lluvia llenaba de gotas y frescura casi todos los días el bosque, además lavaba las hojas hermosas con divertidas cosquillas. También estaba lleno de insectos grandes y chiquiticos, voladores y caminantes, con ojos saltones, patas finitas, alas muy delgadas. Algunos salen de día y otros de noche.

La montaña está llena de pueblos de muy distintas especies. Cada pueblo vive en su comunidad: algunos viven en troncos o en cuevas y unos, mucho más arriba, viven en las ramas y, otros, mucho más abajo, viven en los túneles. En esos pueblos, como en todos los pueblos, a veces hay chispas, plis, plas, plus, porque no se entienden muy bien. Y cuando salen esas chispas, plis, plas, plus se hieren los corazones.

Entre los pueblos había una comunidad de caracoles que les gustaba hacer muchas actividades juntos. Maicol el caracol es uno de ellos, es un caracol muy aventurero y juguetón, tiene un corazón lleno de colores. Su caparazón, con una forma de espiral, parece que gira y gira y gira, como las historias divertidas, con colores cafés y marrón. Su cuerpo tiene un color amarillo, es suavecito y pegajocito, porque una babita le permite moverse pegado a las cosas sin caerse y lleva su casita a todas partes. Tiene dos antenitas en su cabeza y se mueve haciendo ondas con todo su cuerpo.

¿Qué creen que le pasó a Maicol el caracol? Una tarde, se escondió en su caparazón porque estaba muy triste, sus compas en la escuela Petunia le decían: “Maicol, eres el caracol más leeeeeento de todos los caracoles del mundo, ya no te vamos a esperar para jugar, es que no eres normal”. Entonces Maicol el caracol recordó algo que le dijo la abuela caracola en una canción:

“¿Qué es normal? ¿qué es normal?

atreverse a soñar con el mar,

y a los demás no hacerles mal.

¿Qué es normal? ¡Es verdad!

aceptarnos en diversidad”.

Entonces se fue cantando lento, lento, lento. En eso, encontró a Roberta la murciélaga que estaba caminando por el bosque, pero se veía incómoda…, él se extrañó al verla y le dijo:

-“oye murciélaga ¿cómo te llamas? ¿por qué estás fuera de tu cuevita siendo de día?

-Soy Roberta- le dijo con tono desconfiado. -Es que en mi casa me dicen que soy la más rara de las murciélagas, porque me gusta caminar, y eso me pone muy enojada, me dicen “tienes que volar, no es normal que las murciélagas caminen por ahí”.

Maicol el caracol la miró tranquilo, sabiendo que siempre hay alguien que nos dice groserías, y le regaló la canción que su abuela entonaba en las tardes de verano. ¿Se animan a cantarla con Maicol?

“¿Qué es normal? ¿qué es normal?

atreverse a soñar con el mar,

y a los demás no hacerles mal.

¿Qué es normal? ¡Es verdad!

aceptarnos en diversidad”.

Se echaron unas risas con la canción. Luego Maicol invitó a Roberta a acompañarle y ¿qué creen? se fueron caminando des-pa-ci-to.

Al ratito, se encontraron a un topo topito que lloraba en la raíz del árbol de los sueños, con cada lágrima del topo topito se caía una hoja del árbol de los sueños. Entonces Roberta le preguntó: – “topito, topito, ¿por qué estás tan solito?”. El Topito Max levantó su cabeza, pero tenía muuuuuuuucha vergüenza.

-¿Quién está ahí? gritó.

-Somos Maicol el caracol y Roberta la murciélaga.

-Es que casi no escucho, ¿puedes hablar más fuerte?

Roberta se acercó un poquito a su oído y le habló más des-pa-ci-to. Max, les contó por qué tenía tanta vergüenza que hasta el árbol botaba sus hojitas de la tristeza.

-Me han molestado muchísimo, esos topitos de mi comunidad dicen que yo no veo nada, y se ríen de mis grandes anteojos, me dicen topo cuatro ojos, y aunque oigo poquito, escucho sus risas y más cuando me gritan “jajaja usted es que no reza para que diosito lo cure”. Les digo: “yo soy así”, pero ni me sale la voz. Vieran qué vergüenza me da buscarlos, siento que no me quieren cerca.

– No les hagas caso, vos sos como sos. Le dijo con cariño en el oído Maicol el caracol a Max.

Maicol le contó que a él le habían dicho que era el más leeeeento de todos los caracoles. Roberta le dijo que a ella le decían rara porque caminaba. Y le cantaron con tono alegre la canción que ustedes ya se saben:

“¿Qué es normal? ¿qué es normal?

atreverse a soñar con el mar,

y a los demás no hacerles mal.

¿Qué es normal? ¡Es verdad!

aceptarnos en diversidad”.

Así, invitaron a Max a acompañarles. ¿Y adivinen qué? se fueron caminando des-pa-ci-to. Y al poco andar por la montaña, se van encontrando con Alanis la burra. ¡Ella estaba golpeando con sus patas un pequeño árbol que sufría a cada golpe haciendo un gemido, -ayayayyyy! Les dio mucha compasión el árbol y le pidieron a Alanis que no lo lastimara más. Ella les dijo: – ¿por qué todo el mundo quiere decirme lo que tengo que hacer? Me dicen que soy la más necia de las burras y burros del mundo, que hablo hasta por los codos, que soy una monstrua, “qué soy especial”, cuando especiales somos todos los seres. A veces hablan de mí o deciden sin preguntarme estando yo en frente ¿pueden creerlo? Eso me da mucha furia. Cuando se me quedan viendo fijamente, yo me les quedo viendo, y les sonrío, entonces me gusta porque se incomodan, ya no soy yo la que me siento mal, sino ellos. Pero a veces me canso…

Escucharon la historia y comprendieron por qué estaba tan enojada. Maicol ¿qué creen que le contó? ¿Qué le contó Roberta? ¿Y Max, qué le dijo Max? Y le cantaron con tono alegre lo que ustedes ya me van a contar:

“¿Qué es normal? ¿qué es normal?

atreverse a soñar con el mar,

y a los demás no hacerles mal.

¿Qué es normal? ¡Es verdad!

aceptarnos en diversidad”.

¡¡¡Entonces Alanis se sintió feliz de encontrar a sus nuevos compas!!! se fue con el grupo y cuando iban llegando a una gran gran ceiba escucharon a una pajarita conversando, pero no vieron a más pajaritas. Le dijeron: -ey pajarita, ¿con quién estás conversando?

La pajarita Rita voló y se acercó al grupo, pero le pareció tan chistoso que se cuitió de risa. Les dijo: -Soy Rita, la pajarita, y escucho unas vocecitas, pero esas vocecitas están en mi cabecita, por eso las otras pajaritas no quieren tener cerca a Rita.

Entonces adivinen ¿qué? Alanis, Max, Roberta y Maicol le contaron sus historias y la canción que ustedes ya conocen con buen son!!!!

“¿Qué es normal? ¿qué es normal?

atreverse a soñar con el mar,

y a los demás no hacerles mal.

¿Qué es normal? ¡Es verdad!

aceptarnos en diversidad”.

Muy cerca, el águila Fran, chiquitita, pero con aguda vista, escuchó las historias contadas por estos compas. Para Fran era difícil ser respetada por las otras águilas porque solo tenía una patita. Se acercó y les contó que a ella le han dicho: “ayyyy, tan bonita pero así…” o “échale ganas, todo está en la mente”, y no es cierto que todo está en la mente!!!.  Les dijo qué era muy bueno que se encontraran y acompañaran todo el camino (en realidad eran pocos metros, pero fueron muy des-pa-ci-to). Fran les dijo: -Ahora es tiempo que le cantemos a nuestros pueblos esa gran tonada y no teman en acercarse a ellos, porque siempre nos vamos a acompañar donde quiera que estemos. Y aunque entre los pueblos hay chispas, plis, plas, plus. Esas injusticias que hemos vivido no son nuestra culpa, los que están mal son quienes nos han lastimado.

Se despidieron del águila Fran y volvieron a sus casitas, pero en sus corazones vibraba el son de aquella canción.

Iban caminando des-pa-ci-to y en eso se van topando a Hugo el tortugo, que tiene como 300 años, y al ver este grupo tan alegre, diverso y cantor, les va diciendo muy des-pa-ci-to: ¡Qué lindos muñequitos y muñequitas!!! Rita la pajarita le dijo al tortugo, no somos muñequitas, respete!!! Pero esta vez no le prestaron mucha atención a Hugo, ni se molestaron. Siguieron su camino alegre y cantando. Ahora sabían que quienes les hacían sentir mal querían volverlo todo gris e igualito, y qué aburrido ser todos iguales.

Desde entonces, estos grandes amigos, amigas y amigues se siguieron reuniendo y cada quien en su comunidad caracola, burra, murciélaga, excavadora y voladora buscaron a quienes se sintieran discriminados. A Maicol el caracol, a Roberta la murciélaga, a Max el topito, a Alanis la burra y a Rita la pajarita, el grupo de amigues y las palabras de Fran el águila les dio fuerzas para cambiar las cosas. Llenaron con colores y diferentes formas la vida, con risas, lágrimas de emoción, voces, canciones, el son y pasos des-pa-ci-tos.

Y colorín colorado…. este cuento se ha acabado.

 

Fuentes: CONTACTOS: francini.fr2@gmail.com y laupanarg@gmail.com

Licencia de Creative Commons Reconocimiento – No Comercial – Compartir Igual 4.0 Internacional

 

Para aprender sobre capacitismo, ver: https://vimeo.com/493784106

 

Wendy Barrantes

Wendy Barrantes

Licenciada en Derecho. Activista por los derechos de las personas con discapacidad. Fundadora del Centro de Vida Independiente Morpho.

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