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El vínculo entre el suelo y el cambio climático: una relación clave para el planeta

 El vínculo entre el suelo y el cambio climático: una relación clave para el planeta

Imagen ilustrativa. Foto de Flor creado por jcomp – www.freepik.es

El suelo es un recurso indispensable para las actividades humanas y, al igual que el agua y el aire, experimenta procesos de formación y degradación. La recuperación de los suelos puede llegar a ser muy lenta, difícil y muy costosa no solo en términos ecológicos, sino también productivos y por ende, económicos.

El suelo no aparece de la noche a la mañana. Su proceso de formación a partir de rocas es largo y complejo. En los suelos interactúan factores para su formación como: la roca que da origen, el clima (temperatura, lluvias, radiación, vientos), la actividad microbiológica, la vegetación y acción de organismos vivos de mayor tamaño, el relieve mismo (montañoso, quebrado, planicie).

La acción del clima es uno de los factores que permite su formación y por supuesto, experimentar cambios en los patrones del clima producirá cambios importantes en la forma de la génesis y de la degradación del suelo.

Según estos patrones climáticos, aunados a otros como los minerales presentes en las rocas que le dan origen, así como los organismos y microorganismos que interactuaron; se diferencia un suelo de otro, dando lugar a diferentes capacidades para el crecimiento vegetal y el almacenamiento de agua. Un suelo puede ser más o menos salino, retener más o menos humedad, tener más nitrógeno o carbono. Dependerá de su proceso de formación.

El clima es decisivo para el suelo. Con las lluvias los minerales y compuestos químicos se mueven de diferente manera a través de las capas del suelo, la temperatura y la radiación solar aportan energía para que sucedan procesos químicos y microbiológicos que contribuyen a sus características.

El clima influye también en la permanencia de determinados microorganismos y vegetación. La actividad de las especies presentes se altera ante cambios en la humedad retenida y la temperatura.

La materia orgánica presente en el suelo (la cual lo enriquece) aumenta con una mayor cobertura vegetal, cuyos aportes al suelo aumentan con las lluvias. Una alta temperatura por el contrario, puede disminuir el contenido de la materia orgánica.

Cuando se tienen condiciones de aumento de lluvias se suele favorecer la acidificación del suelo, una reducción de su pH. Cuando esto sucede, elementos muy importantes para considerar a un suelo rico en nutrientes; como el calcio, el magnesio, el sodio y el potasio; y que están presentes en las moléculas del suelo, puede ser sustituidos químicamente por el iones H+. El proceso de acidificación de los suelos reduce los rendimientos de los cultivos y afecta el crecimiento de las plantas.

Cuando se tienen suelos empobrecidos y sobreexplotados se acude a la aplicación de fertilizantes y riego de manera excesiva, así como otros productos para el control químico de plagas. Esto deriva en un ciclo de degradación pues la irrigación en exceso puede causar salinización y la aplicación de fertilizantes nitrogenados y fosfatados puede ocasionar la pérdida de otros elementos nutritivos en el suelo; por procesos de sustitución química y desplazamiento, así como el aporte de metales pesados que pueden ser incorporados como impurezas.

Aunado a los procesos de degradación ya indicados (salinización, acidificación) se tiene un estadío más avanzado: la desertificación, producto de que el suelo se encuentre desprotegido y por tanto sea erosionado por la lluvia y el viento. Se da cuando se ha perdido el equilibrio entre la formación del suelo y su desgaste. En este momento se pierde la capacidad del suelo para ser productivo y también convierte las áreas circundantes más propensas a las inundaciones (ya que no hay capacidad de absorción del agua por parte de la cubierta vegetal). La desertificación es causada en mayoritariamente por actividades humanas.

Para terminar de comprender el vínculo entre el suelo y cambio climático debemos mirar a estos factores mencionados que se interrelacionan. Los suelos son grandes sumideros de carbono en el planeta, su degradación implica que pierden la capacidad para almacenar el contenido de carbono en su forma orgánica.  Cuando se pierde la cubierta vegetal la reserva de carbono se libera y se convierte en emisiones de CO2 hacia la atmósfera.

En el suelo la concentración de CO2 es más alta y la de O2 es más baja, en comparación con en el aire de la atmósfera. El oxígeno es usado por los microorganismos y raíces vegetales para oxidar la materia orgánica en CO2 y de esta manera obtener energía. La ausencia de oxígeno provoca asfixia radicular.

Los aumentos de la concentración de CO2 en la atmósfera pueden alterar los procesos de descomposición microbiológica de los microorganismos, haciendo que descompongan más rápidamente la materia orgánica y se libere CO2 en mayores cantidades.

El efecto contrario también es posible; asociado a aumentos de temperatura se tendrá más vegetación y más carbono almacenado en forma de materia orgánica, pero esto dependerá de las regiones y vegetación en cada zona.

Un suelo con calidad productiva y protegido puede ser crucial para hacer frente a desafíos del cambio climático permitiendo almacenar más cantidad de humedad en el subsuelo, manteniendo mejores temperaturas dada la cubierta vegetal, reducir el impacto de olas de calor y períodos de sequía.

La impermeabilización del suelo con capas de concreto y la urbanización reduce no solo la cantidad de agua que infiltra, sino su capacidad de almacenar carbono y mantener mejores temperaturas en las zonas urbanas.

La gestión del suelo como recurso natural va más allá de verlo como un sustrato para cultivar alimentos. Debe realizarse procurando que su protección sea un elemento para reducir la desertificación y las emisiones; y como una herramienta clave en la que se pueden ejercer múltiples maneras de adaptación al cambio climático mejorando la capacidad productiva, el almacenamiento de humedad y aumentando su biodiversidad.

Proteger el suelo nos ayudará a evitar emisiones, reducirlas, mejorar los rendimientos, reducir el uso de fertilizantes y productos químicos, mantener flujos de agua subterránea, mejores temperaturas y reducir la incidencia de desastres como inundaciones o deslaves.

 

Angela Méndez

Angela Méndez

Soy ingeniera ambiental y especialista en recursos hídricos y cambio climático. Me apasioné por el tema ambiental desde mis 9 años cuando se empezaba a dar importancia al efecto invernadero. Hoy, con algo más de experiencia y trabajando con temas ambientales —sumado a que me encanta estudiar—, sigo creyendo con firmeza que es necesario y urgente que toda la población pueda comprender y analizar las interacciones tan estrechas que tenemos con el ambiente. Me interesa democratizar el cambio climático, dejándolo como un tema para la comprensión general y no sólo para los científicos. Nos atañe a todos y todos podemos entenderlo. Solo así lograremos actuar y ser agentes de cambio.

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