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El pilar menos mencionado de la sostenibilidad

 El pilar menos mencionado de la sostenibilidad

Imagen ilustrativa. Foto creada por jcomp – www.freepik.es

En el mundo de la sostenibilidad, es muy cotidiano oír sobre nuevas formas de consumir menos, de otras formas de reutilizar recursos y de ser más amigable con el ambiente en general. Sin embargo, la sostenibilidad también tiene otros dos pilares: el económico y el social.

El mundo no puede cambiar si los artículos que compramos son muy caros y no son accesibles a todos los estratos socioeconómicos. Tampoco puede cambiar si solo un grupo de personas tiene calidad de vida y el resto vive de migajas, como en una novela distópica.

Por eso, hay mucho valor en entender por qué se da la desigualdad y no solo desde una perspectiva sostenible, sino también para crear un mundo mejor.

Se ha estudiado mucho lo que es la pobreza y cómo y por qué se origina. ¿Cómo puede salir una persona de la pobreza? ¿Por qué hay personas que están categorizadas dentro de este estrato socioeconómico que igual tienen en sus hogares televisiones grandes u otros artículos que uno no pensaría que deberían de poner en prioridad?

Todo esto se lo pregunta Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, ganadores del premio nobel de la economía en su libro Repensar la pobreza. Ellos se salen de estos clichés y buscan hacerse preguntas nuevas al investigar de cerca el comportamiento económico de personas empobrecidas y así recopilar pruebas y datos que demuestran como ellos, al igual que cualquier persona, tienen deseos y habilidades de cualquiera, pero se encuentran en bucles irresolubles.

En la primera parte del libro, ellos proveen una cantidad de ejemplos de vidas privadas donde analizan el tema que a todos les viene a la cabeza al pensar en pobreza: el hambre. Comentan que hay varios países con muchos programas para erradicar el hambre y con subvenciones para que puedan comprar, por ejemplo, granos, pero a mejores a precios. Sin embargo, es interesante cuando se dan cuenta que, en lugar de usar ese dinero extra para comprar granos, deciden comprar carne.

¿Será que las personas en pobreza no saben cómo manejar su dinero? Este sería el cliché del que ellos hablan, pero no es así. La verdad es que son como cualquier humano, que busca darle significado a la vida y aprovechar de los placeres de la vida. ¿Acaso cuando uno recibe un dinero extra, tal vez escoge ahorrar una porción pero también invertir el resto en algún placer, como un viaje o un artículo de lujo?

Los autores incluso llegan a demostrar que hay países en África, donde el hambre es más presente, que tienen la costumbre de invertir mucho dinero en funerales. Entre más mayor la persona, más despampanante tiene que ser el entierro y la vela, incluso llegando a gasta 40% de sus ingresos anuales. La priorización de gastos es tan desproporcional, que el gobierno de Suazilandia tuvo que prohibir los funerales pomposos en el 2002.

Entonces, ¿cuál es la solución? ¿En serio será prohibir la adquisición de bienes e imponer límites de gastos de acuerdo a sus ingresos la respuesta? En esta primera parte del libro, la respuesta no parece ser clara y los mismos autores se dan cuenta que es un tema de mucha profundidad.

Sin embargo, lo que llamó más la atención es cuando hablan del caso de un hombre en estado de pobreza en un pueblo remoto de Marruecos, que sabe que la comida es importante, pero tiene una televisión con un reproductor de DVD. Él había trabajado a lo largo del último año, setenta días en agricultura y treinta días en construcción. El resto del año cuidó a su ganado y esperó a que otros empleos aparecieran.

Cualquiera que estuviera en esta situación donde no sabría qué hacer los otros 265 días del año y que estuviera limitado a la educación y la estimulación cognitiva, pondría en prioridad otro tipo de entretenimiento, como la televisión. Es aquí donde los autores rompen los estereotipos y se adentran en la empatía que hay que tener con este agricultor. Al poder entender su comportamiento, pueden ver que la solución no son subvenciones o la caridad, al menos en el caso de este agricultor.

El libro ahonda en muchos detalles de la vida personal de estas personas y enmarca la situación con calidez y comprensión, algo que siempre falta al hablar de la pobreza.  Es fácil quitar la mirada y decir que es el problema de ellos, pero al mismo tiempo, es una soga al cuello para el mundo, porque se están desaprovechando mentes que, en otras condiciones, serían brillantes, más productivas y podrían aportar a una economía más sostenible.

En el siguiente artículo, se describirá la otra cara de la pobreza: las instituciones.

Mientras tanto, se motiva al lector a pensar en su vecino y entender qué lo motiva, cómo esto puede impactar sus patrones de gasto y cómo uno puede usar esto a su favor para generar un negocio más sostenible.

Al final de cuentas, si lo que queremos es construir ideas rentables que se sostengan por muchos años, tenemos que aprovechar la productividad de todos, independiente de su capacidad de pago.

Virgie Castro-Conde Agüero

Virgie Castro-Conde Agüero

Máster en Negocios con énfasis en Operaciones y Sostenibilidad, por el INCAE Business School (Costa Rica y Nicaragua). Especialización en Gestión de Dirección de Recursos Humanos también por el INCAE. Licenciada en Psicología por la Universidad Latina de Costa Rica. Con más de 6 años de experiencia en compañías multinacionales y locales. Creadora de V de Verde en el Instagram (@vdeverdecr).

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