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Inteligencia Relacional: la clave para el liderazgo personal, profesional y empresarial

 Inteligencia Relacional: la clave para el liderazgo personal, profesional y empresarial

Imagen Ilustrativa. Foto creada por mego-studio – www.freepik.es

Hay tres inteligencias que conviven con nosotros, y utilizo el verbo ‘convivir’ porque forman parte de nuestras actividades cotidianas: la Inteligencia Cognitiva (aquella que la aprendemos y potenciamos en la escuela o universidad, obteniendo por ella diversas habilidades profesionales); la Inteligencia Artificial (con la cual interactuamos en Google, Waze o WhatsApp Business), y la Inteligencia Relacional.

Al referirme a la Inteligencia Relacional conviene recordar el concepto de ‘Inteligencia’ propuesto por Howard Gardner hace 37 años: “la inteligencia es una red de conjunto de capacidades que, interrelacionadas nos ayudan a afrontar los diversos planteamientos de la vida”. Al mencionar que es ‘una red de conjunto de capacidades’, acertadamente podemos concluir cuán complicado e interesante resulta estudiarla, y por supuesto, que nada está totalmente dicho sobre ella.

Con base en este concepto, mi propuesta de Inteligencia Relacional es “La Inteligencia Relacional -IR- es el conjunto de capacidades y habilidades que nos permite cultivar y mantener relaciones confiables, duraderas y rentables, aún en situaciones complicadas, sin perder la esencia de la organización o de la persona”.

Debido a que todos nos relacionamos con terceras personas en mayor o menor grado -aún aquellas personas que viven en completo aislamiento presentan una IR porque su propósito es mantener una relación confiable y duradera consigo mismo-, todos poseemos una Inteligencia Relacional lo que nos da la posibilidad de escoger la manera de cómo nos vinculamos, determinando la calidad de las relaciones que mantenemos y por supuesto el valor que le adjudicamos a cada una de ellas.

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Aunque parezca novedoso hablar del tema, a la Inteligencia Relacional se la ha venido estudiando con rigurosidad desde principios de la década pasada como un tema de vital importancia en distintos ámbitos: personal, profesional, empresarial y social. Es así como en el año 2009 el profesor Steve Saccone (Southeastern University) publica su libro “Inteligencia Relacional: como los líderes pueden expandir su influencia a través de una nueva inteligencia”.

El autor presenta una visión teológica de la Inteligencia Relacional tomando como ejemplo a Jesús como “genio relacional”; sin embargo, dejando de lado los rasgos religiosos de este libro, Steve Saccone establece seis facetas que debe desarrollar una persona con una alta Inteligencia Relacional y argumenta por qué son esenciales para el líder:

La faceta de “coleccionista de historias”. Una persona que siente que otro se interesa por ella confía y se deja guiar. Por otro lado, cuando una persona se interesa genuinamente por las historias de vida de las demás, puede identificar plenamente qué es lo que los motiva, qué tipo de vínculos son los que más valoran, cuales son sus prioridades y anhelos. De esta manera se cultivan relaciones más sólidas y confiables.

La faceta de ”portador de energía”. Los genios relacionales saben identificar y aprovechar sus poderes internos para provocar cambios externos. Para poder cambiar el sentido de una situación es necesario poseer energía y fortaleza, características indispensables para cualquier tipo de liderazgo. Quien está alerta de su interior sabe lo que puede ofrecer y lo que no. Las personas dormidas interiormente difícilmente pueden aportar algo para la solución de problemas.

La faceta de “orador convincente”. No hay mayor verdad: cuanto más interesante se es como persona, más convincente se es como líder. Una alta IR provee la capacidad de discernir cuando ser valiente, osado, audaz o controvertido en el discurso.

La faceta de “conversador futurista”, donde el líder se da cuenta que cada conversación está llena de potencial para avanzar y crear cambios. El diálogo que establece tiene una intencionalidad futura, su capacidad de formular los pensamientos propios antes de hablar, su vocabulario, su capacidad para escuchar inclusive aquello que no se dice, le permite liderar desarrollando la capacidad de hacer avanzar a las personas ofreciéndoles una perspectiva del futuro.

La faceta de “héroe simpático”, la simpatía es una característica fundamental de la IR y se tiende a subestimar su efecto en el liderazgo del día a día. Una de las máximas de la Inteligencia Relacional es: cuanto más simpático se es como líder, más rápido surge la confianza.

La faceta del “inversor desproporcionado”, los líderes con una alta IR saben que existe una conexión entre el éxito y la inversión inteligente del tiempo y la energía relacional. Tiene muy claro que un consumidor siempre espera tomar algo de los demás y un inversor buscar siempre dar algo a los demás. En sus relaciones, el líder con alta Inteligencia Relacional busca dar más que lo que toma.

A medida que los líderes empresariales, políticos y sociales dejen de buscar únicamente ser influyentes para monetizar sus relaciones -asignando valores cuantificables a las personas lo cual demuestra poca IR- el mundo se convertirá no solo en un lugar más sabio e inclusivo, sino también más humano.

Como divulgador y asesor en Inteligencia Relacional Empresarial y Social, propongo y exhorto al estudio, a la recuperación y a la aplicación de una Inteligencia Relacional Siglo XXI; por supuesto, sin desmerecer a las Inteligencias Cognitiva y Artificial, porque antes que profesionales, empresarios y autoridades, somos personas, una suma de relaciones. ¿Qué piensan ustedes?

Referencias
Saccone, S. (2009). Relational Intelligence. How Leaders can expand their influence through a new way of being smart. USA: Jossey-Bass

Gardner, H. (2019). Inteligencias Múltiples. España: Paidós

Abril, M. (2010). El ADN de la Inteligencia Relacional

Mario Abril

Mario Abril

Especialista en Inteligencia Relacional orientada a proyectos de Innovación, Transformación Digital y Marca Personal Digital. Su experiencia profesional de más de 18 años en tres multinacionales ocupando puestos de dirección le inspiró a ser asesor y conferencista, trabajando con empresas de diversas industrias en Colombia, Ecuador, Perú y México. Ecuatoriano radicado en Colombia.

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