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Cuento corto: Intenso

 Cuento corto: Intenso

Imagen ilustrativa. Foto creada por prostooleh – www.freepik.es

No creo en el amor a primera vista ni en el romanticismo hollywoodense, pero cuando vi a aquel tipo en la fila de la terminal hacia San José, sentí que me enamoré de inmediato, era una energía tan pura que podía desperdiciarla. Era alto, grueso y con una cabellera cuidadosamente peinada hacia atrás. Durante toda esa semana lo observé de lejos, cada día algo nuevo me llamaba la atención pero su colonia ¡su colonia era hipnotizante!

El lunes siguiente decidí que era el día de tomar acción, estaba justo detrás de él en la fila, maldije en mi cabeza el metro ochenta que nos separaba y la mascarilla que me impedía sentir su aroma. Le clavé la mirada hasta asegurarme que me viera y le sonreí. Con mascarilla aprendí que las sonrisas se ven en los ojos y supe de inmediato que él me devolvió la sonrisa, un cosquilleo recorrió mi espalda y es posible que alguna mariposa volvió a alzar vuelo en mi estómago, tenían más de dos años dormidas.

El bus llegó pronto, él se sentó a un asiento de la mitad del bus y yo uno detrás de él, no iba a ser tan atrevida de sentarme a la par. Abrí la ventana, me puse un poco de alcohol en gel que liberó un aroma floral, con notas herbáceas y levemente dulce al final que disfruté como cada vez que lo usaba.

Él parecía que nunca iba a tomar la iniciativa y yo no sabía cómo empezar, bajé enfermizamente mi mascarilla para sentir su aroma, era deliciosa, primero notas frescas de albahaca, seguido de inmediato por tabaco y ciprés y de fondo un toque amaderado que terminaba en algo que mi aguda nariz no logró reconocer. Quería que me abrazara fuerte y en la noche aún sentir su aroma en mi ropa y dormir con la esperanza de verlo dormir al lado mío.

Y de pronto cuando me di cuenta le estaba tocando el hombro, me asombré inmediatamente, pero ya no había vuelta atrás. Se volvió un tanto asustado y por unos segundos no supe que hacer, sus ojos café oscuro eran profundos y hermosos, sacudí levemente mi cabeza y volví a la realidad.

— ¿Sabe si este bus para cerca del Hospital de Niños?

La pregunta era obvia, pero fue lo único que alcancé a generar en aquel estado de alerta. Descifré, nuevamente, su sonrisa por sus ojos y me dijo:

— Yo sé que para cerca del hospital y usted también lo sabe, la he visto toda la semana anterior tomando este bus y viéndola.

Me atrapó, me sonrojé de inmediato y él se cambió de asiento al lado mío, agradecí su atrevimiento con una sonrisa.

Hablamos todo el trayecto, se bajó conmigo y antes de despedirme me preguntó si podía darme un beso en la mejilla, le dije que sí sin pensarlo mucho, como si todo fuera normal, como si la pandemia no me afectara.

Se quitó su mascarilla y todo cambió, no podía creer como una mascarilla podía disimular tan bien la ausencia de belleza en la mitad inferior de su cara, todo el temprano enamoramiento que había construido en esa semana se derrumbó en ese segundo y de repente no quería verlo nunca más, se me acercó se despidió, se volvió a colocar su mascarilla y caminó en dirección contraria a la mía, di varios pasos apresurados esperando que no me pidiera mi número de teléfono y me detuve de golpe cuando recordé un detalle, me volví, caminé hacia él y le toqué el hombro.

— ¿Puedo hacerle una pregunta?

Sonrió. Odié su sonrisa.

— Claro— me respondió con una seguridad envidiable.

— ¿Qué colonia es la que lleva puesta?

Frunció el ceño y cuando vio que mi pregunta era seria, sonrió. Para ese momento ya lo detestaba.

— Cuando tenga su número de teléfono le mando el nombre de mi colonia — me dijo mientras apestaba a seguridad varonil.

Tarde más de un mes recuperando mi olfato, una catadora sin su nariz es como una escritora sin ideas, y todo por estar más cerca de ese aroma, aún al día de hoy si me concentro puedo llegar a recordarlo y me llena de cólera no haber identificado aquella última nota que aún me quita la tranquilidad justo antes de dormir.

Edgardo Sibaja Araya

Edgardo Sibaja Araya

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Cuentista y novelista. Autor de dos libros publicados: "Creo que fue la Soltería" y "Lúcido". Joven vecino de Salitral de Santa Ana.

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