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¿Qué son las Ecoaldeas y Comunidades Intencionales?

 ¿Qué son las Ecoaldeas y Comunidades Intencionales?

Imagen ilustrativa de ecoaldeas.

“Regenerando la Tierra, estilos de vida en armonía con la naturaleza“ es el nombre de esta serie de artículos, donde hasta el momento hemos visto sobre formas de producción ecológicas como la Agricultura Regenerativa y los Bosques Comestibles, pero si realmente queremos profundizar en lo que es un “estilo de vida en armonía“ debemos tener también una visión regenerativa de la convivencia humana.
En este cuarto artículo descubriremos cómo la “armonía con la naturaleza“ se logra sólo si las relaciones en nuestras casas, barrios y en todos los asentamientos humanos son armoniosas. 
Parece ser que las nuevas tecnologías en combinación con el conocimiento ancestral, pueden proveer al ser humano una vida abundante en alimento, salud y acceso a la energía y recursos naturales, pero entonces si todo este conocimiento está disponible, ¿por qué no vivimos en un mundo sin hambre y pobreza aún? La industrialización ha producido más cosas materiales, pero ha generado una brecha tan grande que la mayoría de las personas en el mundo tienen poco y algunos pocos mucho más que los demás. Es en este escenario cuando se vuelve más importante regresar a una visión de la vida más tribal, porque en la tribu todos deben comer por igual y nadie repite hasta que todos hayan comido.
Como vimos en el artículo #2 la filosofía de la Permacultura toma en consideración no solamente las llamadas “estructuras visibles“ como las casas, invernaderos, máquinas, huertas, jardines y bosques, sino también las “estructuras invisibles“ que son: el modo de organización y toma de decisiones, las normas legales y morales, la economía y el intercambio, la educación, la cultura y la espiritualidad.
Entonces si queremos desarrollar un verdadero proyecto de Permacultura, y seguir sus tres éticas de “Cuido de la Tierra, Cuido de la Gente y Distribución Justa”, deberíamos buscar la justa distribución del recurso económico y el acceso a la tierra para todos los involucrados.
También recordemos que uno de los fines mayores de practicar Permacultura es buscar la autosuficiencia, y esta práctica nos lleva pronto a la conclusión de que alcanzar esta ambiciosa meta es algo que no podemos hacer solos, y por eso la comunidad se vuelve algo indispensable.
Considerando las “estructuras invisibles“ bajo las cuales se rige nuestro mundo moderno, no es sencillo ir desenredando y liberándonos del contexto social y económico que vivimos hoy en día para buscar más armonía y justicia. La globalización y el neocolonialismo han complicado aún más las cosas en los últimos años.
La tendencia del sistema dominante sigue siendo el volvernos cada vez más individualistas y distantes de los demás. Construimos nuestras casas con rejas, alambre de púa y muros, y en cada habitación ponemos una televisión. Viajamos cada uno en nuestro carro de 5 pasajeros, casi siempre solos.
En las ciudades, las personas ni conocen a la mayoría de los vecinos de su propio barrio. Esta situación tan deshumanizante ha despertado el interés en muchos por regresar a un estilo de vida más colectivo y comunitario.
Algunos son personas de la ciudad añorando la cercanía y familiaridad de un pueblo pequeño, donde se vive más puramente un espíritu de común-unidad o comunidad con los vecinos. Otros simplemente llegan al entendimiento de que sólo uniéndose con otros podrán alcanzar sus sueños.
Afortunadamente también hay millones de personas en el mundo que viven en pequeñas comunidades rurales y semirurales donde de alguna u otra forma se experimenta la vida comunal. Aunque la modernidad está cambiando la vida en el campo y en las comunidades indígenas aceleradamente, aún hay mucho que rescatar.
Especialmente en el contexto rural las personas se organizan localmente para hacer festividades, arreglos en los caminos y administrar sus recursos naturales, como el caso de las asadas comunitarias, que protegen y administran las nacientes de agua en Costa Rica.
Muchos pueblos indígenas realizan círculos y asambleas para la toma de decisiones y la resolución de sus conflictos internos, ejerciendo su autonomía y capacidad de solucionar su propios retos.
En una comunidad el sentimiento de colectividad e igualdad entre las personas, generalmente viene asociado a un interés por compartir valores, religión, costumbres e identidades comunes. Así que ser comunidad no es sólo compartir un territorio y un sentimiento de pertenencia a su tierra.
Entre ejemplos de algunas organizaciones comunitarias altamente desarrolladas están los monasterios de distintas religiones donde se congregan a vivir juntos y compartir todas las tareas diarias, y en algunos casos producen su propio alimento.
Un ejemplo es el Krishna Valley en Hungría, donde se produce y procesa 95% del alimento de 150 habitantes permanentes y cientos de visitantes que llegan cada semana, y sin utilizar mecanización, con bueyes en vez de tractores.
También podemos citar los Kibbutz de Israel, algunos con poblaciones de hasta mil personas donde el nivel de organización les ha permitido convertirse en sociedades totalmente autosuficientes que buscan una justa distribución de las tareas y la economía.
Otros ejemplos son las comunidades cuáqueras, una vertiente del cristianismo, que se han organizado para vivir en comunidad desde el siglo 17 y asumen pautas como la igualdad de género y la toma de decisión por consenso, creando un modelo de gobernanza participativa que ha sido aplicado por muchas otras comunidades hasta el presente.
Hilando más fino aún, nos preguntamos ¿qué es una comunidad?
En ecología se define como un conjunto de poblaciones de especies que tienen interacción unas con otras. Existen diferentes modalidades, están las interacciones de competencia, depredación y mutualismo. En la competencia, generalmente ambas partes se ven afectadas por lo que se le llama una relación “pierde-pierde“, la depredación es una relación de “pierde-gana“ donde hay un devorador y un devorado, y las relaciones mutualistas son ejemplos de relaciones “gana-gana“ donde se da la cooperación y la simbiosis.
Este concepto “gana-gana“ es aplicado hoy en las estructuras sociales del nuevo paradigma, donde incluso se lleva más allá con un “gana-gana-gana“ beneficiando a los dos partícipes de la interacción y también a la Madre Tierra.
El ser humano ha tenido una clara evolución en su formación de comunidades a lo largo del tiempo. Los científicos lo describen de esta manera: primera etapa de 200000-190000 años atrás, vivimos en comunidades pequeñas de aproximadamente 40 individuos o clanes familiares y nos dedicamos a la cacería y la recolección, luego alcanzamos la domesticación de animales y de clanes pasamos a tribus más numerosas. Estas sociedades vivían en una relativa igualdad de derecho y eran nómadas. Empezamos a utilizar el lenguaje y elaboramos herramientas cada vez más complejas. Seguimos evolucionando y hace 10000 años nos congregamos cerca de ríos y llanuras gracias a un increíble descubrimiento, la agricultura. Así surgen las sociedades agrícolas donde se empieza a dar la especialización y con esta una diferenciación social entre los miembros y la desigualdad crece al desarrollarse una clase comerciante y otra obrera. Pasamos de aldeas a pueblos, aprendimos a escribir y la familia empezó a perder importancia como el centro de la sociedad al surgir otras instituciones dominantes jerárquicas a nivel político, económico y religioso. Y así seguimos creciendo, de pueblos pasamos a ciudades y de ciudades a imperios que se han dedicado desde entonces a expandir su cultura y dominar a otros pueblos.
El desarrollo industrial fue nuestro siguiente gran paso, dando como resultado mayor centralización del poder, crecimiento demográfico y concentración de la población entorno a las ciudades.
El sentimiento de comunidad y el arraigo a la tierra se diluye aún más y la individualidad crece para los que participan del sistema predominante. Cumplir horas de trabajo para generar el dinero y comprar alimento para la familia se vuelve un modo de vida.
Los sistemas educativos se enfocan en formar personas para participar del sistema productivo industrial.
En este escenario renacen las llamadas Comunidades Intencionales como una respuesta al sistema y un intento por regresar a los valores cooperativos de las sociedades tribales, más humanas e interconectadas. Los propósitos de las comunidades intencionales varían tanto como la diversidad cultural de la Tierra, pero todas aspiran a crear barrios o aldeas orientadas a la familia y compartiendo los recursos disponibles en su territorio. En muchas hay diferentes niveles de copropiedad, desde las tierras totalmente colectivas donde cada acción conlleva a una toma de decisión comunitaria, hasta sistemas mixtos donde hay una mezcla de terrenos comunes y terrenos privados.
Las llamadas Ecoaldeas son comunidades intencionales donde las prácticas ecológicas de sustentabilidad y respeto a la Tierra son parte de los valores compartidos entre sus miembros.
Estas Ecoaldeas y Comunidades Intencionales son más comunes de lo que creemos y la mayoría de ellas se desarrollan fuera del radar de los medios de comunicación masiva. Para contar la historia de algunas:
Tamera, Centro de Investigación para la Paz, Portugal. Fundado en 1995, hoy tiene 250 habitantes, son autosuficientes en agua y energía y producen 50% de su propio alimento. Tiene centros de investigación en agricultura, energía solar, construcción natural, desarrollo personal y terapias, lo que incluye un rancho de caballos para equinoterapia. También construyeron su propia escuela y universidad donde promueve la no-violencia. Entre sus proyectos principales está la propagación de una cultura de paz con áreas de acción directa como el conflicto Israel-Palestina y Colombia.
Damanhur, Italia. Fundada en 1975 y con 1000 habitantes. Tiene su propia moneda y una sólida economía interna ya que 70% de los habitantes trabajan directamente en la cooperativa de la comunidad. Están organizados como una federación de pequeñas comunidades de 20-30 personas. Cada pequeña comunidad tiene un área de especialización, sea la agricultura, la música, la bellas artes, desarrollo de tecnologías, educación de niños y adultos y el ecoturismo que recibe a los visitantes. Cuentan con una academia de bellas artes, teatros, museos y salas de conciertos en una comunidad donde la creatividad es uno de los valores fundantes.
Auroville, India. Fundado en 1968 y con una población de 4500 personas de 67 nacionalidades. La ciudad de Auroville está diseñada como una galaxia, en el centro un gran espacio abierto para encuentros multitudinarios de meditación y celebración, y partiendo de ahí un enorme espiral de infraestructura que se distribuye entre zonas dedicadas a la cultura, las residencias de los habitantes nacionales e internacionales, zona comercial y financiera y alrededor un cinturón verde de modestas 1300 hectáreas distribuidas entre agricultura regenerativa, bosque en conservación y zonas verdes recreativas para los habitantes de la ciudad. Ellos han ganado el apoyo y el reconocimiento como un proyecto de importancia para la humanidad por la UNESCO.
Lost Valley, Centro Educativo, Oregon USA. Fundada en 1989, y con una dinámica población de 35-50 personas en diversas modalidades que incluyen, renta de espacios para campers, yurts y tiendas de campaña, compra de lotes para construir su propia casa y habitaciones en grandes casas comunes. Cuentan con un centro de educación en sostenibilidad que otorga certificados en Permacultura, diseño de ecoaldeas, construcción natural y más. Se organizan a través de la Sociocracia, una forma de gobierno participativo y circular cada vez más usado entre ecoaldeas.
Findhorn, Escocia. Fundado en 1962 por 3 personas que llegaron a un viejo parque para casas rodantes desolado y poco fértil y empezaron a regenerar su tierra. La historia dice que escucharon las instrucciones de los espíritus de la naturaleza del lugar y aquella tierra fue recobrando fertilidad y poco a poco más personas se acercaron para aprender y colaborar. Hoy cuentan con 500 habitantes y abundantes jardines y bosques.
Huehuecoyotl, México. Iniciaron su construcción después de haber viajado por todo el continente por 10 años en un bus de aceite vegetal. La caravana ecológica se dedicaba a la educación ambiental a través del arte y el circo y a compartir talleres sobre salud natural y el buen vivir. Hoy en día Huehuecoyotl es un centro de creatividad artística y reconeccion con la Madre Tierra en Tepoztlán de Morelos y atrae a artistas y ecologistas a su comunidad.
Todos estos espacios de vida comunitaria hacen un hermoso trabajo en su tierra y con sus vecinos cercanos y para poder llevar esta realidad a un impacto mayor fue que se articuló la Red Global de Ecoaldeas o sus siglas en inglés GEN. Así mismo GEN se subdivide en redes regionales como GEN Asia, GEN África, GEN Oceanía, GEN Europa y para el continente Americano, Red CASA o Consejo de Asentamientos Sustentables de América. CASA es una organización autogestionada por las ecoaldeas de latinoamérica y vio su nacimiento en el 2012 después de un Encuentro Iberoamericano de Ecoaldeas. CASA tiene una visión más amplia del concepto asentamiento y que va más allá de las Ecoaldeas. Se integra a la red varios formatos de convivencia, así que pueden ser miembros de CASA: comunidades ecológicas, comunidades indígenas, ecobarrios, co-viviendas, fincas agroecológicas, escuelas alternativas, centros educativos, caravanas ecológicas, centros de salud natural, etc.
El movimiento se mueve fuerte por el continente por lo que ya existen redes CASA de Colombia, Brasil, México, Ecuador, Chile y República Dominicana, así como CASA Nómadas y CASA Jóvenes, y para los vecinos del norte ENA, siglas en inglés de red de Ecoaldeas de Norteamérica.
El movimiento aunque no es televisado, crece y se expande.
Aquí en Costa Rica, Rosa Elena Blanco es la principal promotora de las eco-comunidades.. Ella habitó por muchos años Tacotal, una ecoaldea en San Mateo de Orotina que cuenta con construcción natural, electricidad solar, agua propia y bosque en conservación. Rosa Elena se nutrió de un viaje de 3 años por 4 continentes conociendo variedad de ecoaldeas. También estuvo presente en la fundación de Red CASA en Colombia y en varios encuentros latinoamericanos de comunidades. Este sueño le hizo organizar los primeros dos encuentros de comunidades intencionales en Costa Rica en los años 2010 y 2011, uno en Tacotal y el otro en Finca Agroecológica La Flor en Cartago.
También Rosa ha guiado a otros proyectos en su transición a comunidad. Ejemplo de esto es Finca La Flor que por 20 años se ha dedicado a la educación ambiental y a promover la agroecología para niños y adultos, nacionales y extranjeros. Desde el 2006 la Finca ha hecho esfuerzos por congregar al grupo idóneo de personas y lograr las condiciones para que el proyecto, continúe su labor educativa, la posesión de la tierra se vuelva colectiva y se establezcan en sus 13 hectáreas residentes permanentes.
Hoy en día el “barrio ecológico de Finca La Flor“ está integrado por varias comunidades: Finca Descansos que son casas enfocadas a adultos mayores, Finca Sol y Valle, con agricultura, bosque y arte manejado por jóvenes de distintas nacionalidades, y el terreno de La Finca Agroecologica La Flor con su complejo de cabañas, huertas, jardines, centro de yoga y animales de granja; está siendo administrada por un grupo llamado Comunidad Hierbabuena.
Este colectivo durante años estableció sus “estructuras invisibles“ organizativas antes de establecerse a vivir juntos y ahora al asentarse en Finca La Flor están poniendo en práctica la Sociocracia como método de organización con buenos resultados. Un futuro prometedor para iniciativas como esta, integradas por mayoría de costarricenses y donde el español es el idioma predominante.
Costa Rica posee condiciones ecológicas y sociales únicas en el mundo. La cantidad de proyectos ecológicos en el país, si incluimos fincas orgánicas, ecohoteles, centros científicos y centros de salud y retiros espirituales sube a los varios cientos de propuestas. La región con más densidad de asentamientos sustentables del país es la zona de Pérez Zeledón.
Ahí se encuentra Longo Mai que es un interesante ejemplo. El movimiento Longo Mai nace en Suiza en la década de los 70s y cuenta con 10 comunidades intencionales en Europa y una en Costa Rica. En Pérez Zeledón, Longo Mai tiene 850 hectáreas y unos 700 habitantes. La mitad de su territorio es bosque en conservación y la otra mitad está delimitado en parcelas que fueron entregadas a decenas de familias de refugiados de los conflictos armados en Centroamérica. Aquí, esta ecléctica combinación de europeos y campesinos de diferentes países centroamericanos han alcanzado en gran parte la autogestión, la autosuficiencia alimentaria y una vida en paz desde 1979.
Imagen aérea de Longo Mai en Pérez Zeledón, tomada de sonador.info
También en Pérez Zeledón bordeando el Parque Nacional La Amistad se encuentra Dúrika con 8000 mil hectáreas. En sus inicios Dúrika no tenía acceso en carro, solo se llegaba a pie o a caballo, eso no detuvo a un grupo de costarricenses apasionados por la protección del medio ambiente a establecer esta comunidad. Con unos 100 miembros Dúrika tiene su propia planta hidroeléctrica, una lechería, producción agrícola, panadería, escuela, colegio y una clínica de medicina holística de alto nivel que ofrece variedad de terapias, inclusive servicio dental y que brinda tratamientos médicos en una experiencia de retiro en la naturaleza.
Solo por mencionar algunos ejemplos entre muchos.
Costa Rica ha sido un país internacionalmente reconocido por sus prácticas de conservación y protección del medio ambiente. Pareciera que la transición a vivir en mayor armonía con la naturaleza sería convertir nuestras ciudades en “ciudades verdes“ o ecológicas, pero aún más importante es el regreso de las personas al campo, y a vivir de su propia tierra.
El movimiento ecoaldeas y comunidades intencionales busca crear nuevos modelos de convivencia que puedan inspirar a las futuras generaciones y silenciosamente, pero de manera muy concreta, ir construyendo las bases para una nueva humanidad.
Para cerrar, retomo la famosa frase de Buckmister Fuller: “Nunca generamos cambio atacando la realidad existente. Para cambiar algo creamos nuevos modelos que hagan a los existentes volverse obsoletos.“
Si desea mas información conéctese conmigo en Holograma Permacultura https://www.facebook.com/holograma.permacultura
con Rosa Elena Blanco en el Instagram Metodoyogaia
con Red CASA en https://redcasalatina.org
con GEN en www.ecovillage.org
y en el libro Creando Una Vida Juntos, de Diane Leafe Christian.
Este artículo representa la opinión/posición exclusiva de su autor*
Puede leer los primero 3 artículos de la serie aquí:
Permacultura: https://www.cractualidad.com/columnas/permacultura-como-solucionar-cualquier-problema-re-disenando-nuestra-sociedad/

José Pablo Fernández Quirós

José Pablo Fernández Quirós

Diseñador de Permacultura y facilitador de procesos regenerativos ecológicos y sociales. Guía de turismo naturalista, agro-ecoturismo y servicio comunitario, certificado por ICT. Capacitador en Permacultura y Forestería Análoga. Facilitador de Sociocracia y dinámicas grupales. Músico. Fundador de Holograma Permacultura, ofrece servicios educativos, asesoría, diseño, implementación y mantenimiento de sistemas agro-ecológicos, paisajismo, bosques comestibles y procesos comunitarios. Miembro de Red Permanezca, red nacional de permacultores.

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