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“Los restos del día”: para no dejar de vivir

 “Los restos del día”: para no dejar de vivir

Kazuo Ishiguro – imagen de Actualidad Literatura.

Kazuo Ishiguro es un maestro. Con esa línea comienzo mi comentario sobre su trabajo. Por algo es un premio Nobel de Literatura y por eso sus libros han sido tan exitosos. La pureza y sinceridad con la que escribe sobre los temas que trata en cada una de sus obras es comparable con el amor que puede sentir un padre por su hijo.

Ishiguro escribe con pasión, con amor, con empeño, con entrega y cuidando cada palabra. Ninguna sobra. Todas tienen ese hilo conductor que nos guía a través de cada una de las páginas que escribe.

Además, la tinta que usa nunca se seca. Las temáticas de sus libros siguen siendo vigentes. No importa si están ubicadas en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial o en la Europa del futuro. Lo que hace rica sus historias no es la locación, no es la historia en sí, ni tampoco su prosa tan delicada: son sus personajes y sus vivencias, que son tan palpables y llegan directo a cada fibra del corazón.

Los restos del día, por ejemplo, nos cuenta la de Mr. Stevens, un mayordomo entrado en años, que se ha dedicado toda su vida a aprender el oficio y servir a su señor. Stevens tiene una entrega envidiable a la profesión de ser mayordomo y eso lo lleva a cuestionarse en muchos momentos como ser realmente “honorable” en su puesto. Vive, respira y come su trabajo las veinticuatro horas del día (como muchos de nosotros) y eso lo ha llevado a dejar de vivir.

Ahora, comenzando a experimentar el ocaso de su vida, se cuestiona si todo aquello valió la pena. El tema es aún más especial cuando el lector comprende que Mr. Stevens intenta hacer las paces consigo mismo, pues su patrono, al que le sirvió con tanto amor por la mayor parte de su vida, era un aliado nazi dentro de Inglaterra mientras estuvo en vida (esto no es un spoiler). Stevens justifica por momentos a su patrono, pero al momento siguiente cambia su parecer. Le quiso tanto, que se niega a creer que haya sido una persona tan cercana a un círculo tan despreciable, pero eventualmente se da cuenta de la verdad: su patrono fue un aliado de Hitler.

Es por esta razón, y por otras que no revelaré para no contar de más, que Steven emprende un viaje en solitario. Es un viaje que le servirá tanto para hacer las paces con su alma, como para pensar de nuevo que ha hecho de su vida en todo este tiempo.

Este viaje físico y espiritual lo comparo con el viaje que todos debemos emprender en algún momento de nuestra vida cuando veamos hacia atrás, cuando analicemos si las decisiones que tomamos estuvieron bien o no.

Considero que es más importante emprender este viaje cada día de nuestras vidas. Pensar y cuestionar cada paso que demos. Que sea algo pensado, que sea medido. No importa si las decisiones que se toman son difíciles, debemos procurar siempre que nos hagan felices.

Sin adentrarme al final del libro solo quiero mencionar que es un final duro y crudo. Un final que nadie quiere y que, en definitiva, es lejano a lo que todos anhelamos. Ojalá que no lleguemos a ese momento en que, miremos hacia atrás y sintamos arrepentimiento nada más, y nos olvidemos siquiera de lo que fue la alegría. Sueño con que en ese punto no esperemos simplemente a los restos del día para finalmente partir.

Libro recomendado, con calidad de escritura alta, que nos deja con unas ganas tan provechosas de vivir y aprovechar cada momento.

Orlando Flores

Orlando Flores

Orlando es mercadólogo de profesión y especialista en temas de tecnología, con más de 10 años de experiencia. Escribe sobre la vida, el cine y la literatura, pero también thrillers en su tiempo libre. Amante de los animales.

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