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Independencia y liberalismo: ¿Cómo nació el Estado costarricense?

 Independencia y liberalismo: ¿Cómo nació el Estado costarricense?

Imagen de la Casa Presidencial en Costa Rica.

Es común escuchar afirmaciones de que la independencia de Centroamérica y Costa Rica en particular llegó sin ser forzada por enfrentamientos bélicos (guerra). Esta realidad es cierta de manera parcial, efectivamente no hubo guerra en las provincias  centroamericanas, pero si las hubo  en otros sectores del continente que desgastaron el poder imperial de España con respecto al continente Americano (las indias). En “México”, por ejemplo, José María Morelos  en 1810  había iniciado un movimiento revolucionario de dimensiones importantes, luego se le unió el padre Miguel Hidalgo animando  comunidades campesinas e indígenas, especialmente en la comunidad  hoy  conocido como Guanajuato.

En Suramérica se libraban revoluciones  que pretendían  algo más que la independencia, buscaban algunos de estos líderes unir a toda América Latina como un solo territorio para contrarrestar a los imperios  naciente, especialmente a los Estados Unidos Anglosajones que   nacían con ansias de poder y de anexar territorios.

En esa parte del sur son conocidas las luchas revolucionarias, algunas veces conjuntas, otras separadas, de los venezolanos  Simón Bolívar y Francisco de Miranda, del libertador argentino José de San Martín, de Bernardo Ohiggins libertador de Chile,  del Uruguayo José Artigas,  de Antonio José de Sucre nacido en Venezuela pero reconocido por su  lucha independentista en toda la región sur.

De Igual forma que lucharon los pueblos originarios en  México, en Suramérica las comunidades Aymaras, Amazónicas, Quechuas, Chipibos, Mapuches y otros,  se organizaron en contra del imperio Español, pretendían  recuperar los territorios usurpados por la Corona, lamentablemente su lucha no fue retribuida y siguieron siendo  disminuidos por un pensamiento colonizador que aún sigue vigente.

Otro aspecto que favoreció la independencia se relaciona con la  invasión Napoleónica a España en esa misma época, siendo que  la Corona   no tenía condiciones para librar con éxito tantos frentes de batalla.

Siendo leales a la historia costarricense, se debe reconocer la lucha por la libertad  que libró el  cacique indígena  de Talamanca Pablo Presbere aproximadamente 100 años antes de la independencia, 1709, su principio fue el mismo, liberarse de la invasión Española. Este insigne ciudadano fue el primer costarricense  en liderar a varias comunidades con unas 1000 personas en busca de la independencia.  En 1997, la Asamblea Legislativa de Costa Rica lo declara benemérito de la patria y defensor de la libertad.

En estas circunstancias llega la independencia a Costa  Rica, como impacto colateral de luchas en otras regiones del continente.

Existía, sin embargo, una corriente  de pensamiento  en la región centroamericana  de corte liberal que había formado las imágenes pertinentes para adoptar y definir una declaratoria de independencia que marcaría en adelante la formación de los Estados- nación  conocidos hoy día, entre ellos Costa Rica.

Se definen así dos tendencias de pensamiento en la región, los imperiales conservadores que mantenían la formación eclesiástica  y conservadora heredada de España  (corriente Escolástica) y los republicanos influenciados por el liberalismo que   se inclinaban por la formación de las nuevas repúblicas en fomento de una independencia territorial, de pensamiento, y el derecho del pueblo a elegir sus gobernantes bajo la tendencia que podríamos llamar  democrática, así como las libertades individuales.

En Costa Rica estas dos corrientes de pensamiento se enfrentaron, los republicanos  que se encontraban ubicados en San José y Alajuela y los conservadores que se encontraban en  Heredia y la metrópoli Cartago especialmente.

Los primeros formaban una población de pequeños productores y una burguesía estudiada bajo los conceptos liberales, y los segundos  concentraban  el poder en una élite  de corte latifundista,  heredando el pensamiento colonial conservador bajo los principios de la  doctrina religiosa, particularmente.

Los Cartagos y Heredianos sentían la necesidad de pertenecer a otros dominios como México, y los liberales  optaban por la formación de una república. Estas tendencias de pensamiento y población se enfrentaron  en una contienda llamada La Guerra de Ochomogo el 5 de abril de 1823.

En esta lucha armada, los liberales republicanos (San José y Alajuela) ganaron  a los conservadores de Cartago y Heredia, y trasladan la capital, que en adelante sería San José.  Indiscutiblemente, esta circunstancia evolucionó hacia la formación de un estado costarricense que logró elegir al Josefino  Juan Mora Fernández como su primer jefe de estado en setiembre de 1824, después de tres años de independencia en que Costa Rica estuvo gobernada por  Juntas Superiores Gubernamentales.

Los liberales republicanos ubicados en San José  habían formado su pensamiento a partir de los avances de la Ilustración (movimiento de pensadores europeos alrededor de 1750), la revolución Francesa ( 1789 a 1799) y los pensadores del liberalismo que planteaban entre otras cosas la necesidad de un pensamiento dirigido por la razón y no por la divinidad.

 Cultura, educación y política

Muchos gobernantes y figuras políticas trabajaron el tema de la cultura y la educación como eje fundamental en la formación del Estado- nación antes y después de 1821, año de la independencia de Costa Rica.

Se puede mencionar ligeramente a Juan Mora Fernández, primer jefe del estado independiente, un gobernante  de profesión educador que dirigió  esfuerzos  hacia un estado con equilibrio y moderación, actitud que  consolidó un estilo de administración para las siguientes élites políticas.

Más adelante, José María Castro Madriz dejaría su huella en la educación del país, este insigne costarricense incluyó al género femenino en el sistema educativo y fundó lo que se puede considerar la primera universidad, la de Santo Tomas en 1843.

Unos años antes, en 1830, un empresario privado, Miguel Carranza,  importó la primera imprenta que registra la historia de  Costa Rica,  aporte que generaría la impresión de periódicos informativos  de diferente origen y textos educativos también. Es en este contexto que aparece en el país en 1830 el primer texto educativo editado por un personaje que en adelante sería referencia histórica para la estructura del estado costarricense, se trata del Bachiller Rafael Francisco Osejo que publicó el libro, Breves lecciones de aritmética.

Osejo era un mestizo originario de León, Nicaragua, y llegó a Costa Rica en 1814 contratado por el ayuntamiento de San José para enseñar filosofía, era graduado en derecho por la Universidad de León, y se convirtió en el   intelectual que orientó las políticas liberales de la Costa Rica de inicios del siglo XIX.

Apenas iniciada la independencia, Osejo  instruyó en las ideas republicanas argumentando que los ayuntamientos no tenían facultad para nombrar gobiernos, que esta prerrogativa le correspondía al pueblo. Dicha posición contrastaba con  los conservadores (Cartago) que vieron en Osejo a un  contrario. Por tal razón, se considera que el liberalismo costarricense nació de la mano de Rafael Francisco Osejo en los años de la independencia.

Segunda Independencia

Es meritorio resaltar  lo que algunos llaman la  segunda independencia. Se hace referencia en este caso a la Campaña Nacional llevada a cabo entre 1856 y 1857 en lo que fue la lucha contra los Filibusteros, grupo de militares expansionistas estadounidenses que intentó apoderarse de Centroamérica y anexarla a  los Estados Unidos Anglosajones. La lucha  en contra de este grupo invasor  se convirtió en  una gesta heroica del pueblo costarricense, y  marcó el carácter de una verdadera independencia, más aún, si tomamos en cuenta que la independencia costarricense del  dominio Español no generó  la necesidad de  combatir en el ámbito local mediante una guerra donde siempre hay víctimas mortales.

En el caso de la Campaña Nacional, el pueblo de Costa Rica dio un ejemplo de valentía, de autodeterminación  y de firmeza al combatir a un régimen poderoso de filibusteros en razón de mantener la autonomía e independencia lograda 35 años antes, en 1821. Al respecto,  Joaquín Bernardo Calvo afirma que la elite dirigente del país consideraba la gesta de los filibusteros como equivalente a la lucha por la independencia y que  la Independencia de la América Central, proclamada en 1821, no les costó a nuestros pueblos los sacrificios de una guerra, sino que ella se realizó como  si fuera sentencia fatal e irremisible, que los pueblos para ser libres han de sellar el proceso de su autonomía con su propia sangre, nuestro pueblo recibió ese bautismo fecundo y sus hijos probaron en 1856 y 1857 que eran dignos del más precioso de los bienes: la libertad. Destaca el señor Calvo Mora  a un pueblo desafiante y digno al defender su libertad por medio de la guerra (Quesada, 2003).

La gesta heroica  dirigida por Juan Rafael Mora Porras, a criterio del historiador Carlos Meléndez, genera una conciencia nacional suficientemente madura que reúne a miles de hombres dispuestos a enfrentar la guerra pese a los peligros que por el fuerte  contingente enemigo se avizoraban. Esta guerra reafirma la conciencia nacional y los principios libertadores (Meléndez, 1997).

Tendencia Educativa

Desde que se eligió al educador Juan Mora Fernández como primer jefe de estado, Costa Rica diseñó también una tendencia  educativa que continuaría en ascenso en favor de la población.

Entre otras excelentes decisiones,  se destaca que 1869 bajo el mandato del presidente Jesús Jiménez se llevó a cabo la declaratoria de una educación primaria gratuita, obligatoria y costeada por el estado( Stone 1976); este hecho, aunado al  resurgimiento de nuevos municipios, institución  responsable de administrar la educación, produce una expansión  importante del proyecto educativo y se  favorece  no solo la construcción del estado-nación con su conjunto de valores, sino también  la estructura para que 16 años  más tarde ( 1886) se llevara a cabo la reforma educativa más importante del siglo XIX que consistió en que el estado asumiera  la regencia absoluta de la educación, produciéndose  un  cambio de lo religioso a lo laico, dejándose de lado el papel dominante de la escuela escolástica ( Pensamiento religioso impuesto por España) y entrando en dominio la filosofía liberal  positivista ( el uso de la razón y la ciencia como fuente de conocimiento).

Auge Liberal

Es en la segunda mitad del siglo XIX que la corriente liberal madura y se posiciona en la formación del Estado-nación al crear una serie de instituciones públicas y tomar el control del proyecto educativo. Se destaca es este periodo el General Tomás Guardia Gutiérrez ( década de 1870), que aun  tomando en cuenta apreciaciones negativas de su contexto como primer dictador de Costa Rica, se puede  valorar   como uno de los  primeros gobernantes auténticamente  liberales de una serie de políticos que gobernaron el país  hasta 1948.

Este  gobernante  fortaleció el desarrollo de la educación pública, fundó el Banco de la Unión  en 1877 transformado hoy en el Banco de  Costa Rica, una de las entidades financieras de suma  importancia para el estado costarricense; inició las exportaciones de banano a Estados Unidos y fundó el Archivo Nacional, instituciones de relevancia para la formación del estado costarricense.

 Costa Rica, espacio común para Latinoamericana

En la década de 1890, Costa Rica había evolucionado como uno de los estados liberales más consolidados de Latinoamérica, y es tomada como referencia para que personajes de diferentes países se posicionen y formen sus propuestas para derrocar regímenes conservadores en Cuba, colonia aún, Colombia, Ecuador y México. A diferencia de Costa Rica, esos países habían caído nuevamente en el conservadurismo y totalitarismo después de algunas décadas de independencia; en el caso de Cuba,  no se había independizado todavía, por tal razón  José Martí visitó Costa Rica en dos ocasiones (1893 y 1894) tratando el tema de la independencia de la Isla con intelectuales latinoamericanos y con su compatriota Antonio Maceo, entre otros.   El General Maceo residía en Costa Rica desde 1991, año en que le fue cedida unas 10.000 hectáreas de tierra en la península de  Nicoya para que se instalara con una colonia de  cubanos que salían de la Isla en condición de exiliados por las luchas de independencia. De igual manera habían llegado a Costa Rica  el Mexicano Catarino Garza, quien  realizó las primera  revolucione en contra del dictador Porfirio Díaz desde la década de 1880, líder precursor de   la gran   revolución mexicana que tendría su máxima expresión en las dos primeras décadas del siglo XX; de la misma forma, el espacio costarricense fue  casa del colombiano Avelino Rosas quien después de fracasar en una incursión liberadora de su país, se unió a la lucha de Antonio Maceo, Máximo Gómez y  José Martí en 1895 por la liberación de Cuba; igualmente  se destaca la presencia  de Eloy Alfaro, héroe del estado liberal ecuatoriano.

Estos personajes fundaron lo que informalmente  podríamos llamar “la Internacional liberal”, un grupo que se apoyaba en sus luchas  y se unían   para ir derrocando regímenes conservadores en sus países, intentaban hacer una fuerza conjunta que permitiera ir país a país, algunas cosas las lograron, otras no, pero este será tema para otra ocasión.

Es así como Costa Rica, siendo un país que discretamente logró su independencia, fue ascendiendo a partir de un pensamiento reformista liberal que   fijó sus metas en la  fundación de  instituciones públicas y proyectos educativos, hasta llegar a ser una referencia latinoamericana al cierre del siglo XIX y durante el siglo XX.

Miguel Calderón

Miguel Calderón

Profesor catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica. Exdecano de la Universidad Nacional entre 2004 y 2009. Miembro académico del Consejo Universitarios de la Universidad Nacional de Costa Rica. Estudió en la Universidad Nacional de Costa Rica, Howard University y Georgetown University en washington D.C, USA. Autor de las novelas: Muertos que nunca mueren y La Mansión; Cuentos de la Bonga ( Impreso y audiolibro con microcanciones); Cuentos para un final.

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