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¿El mejor vino?

 ¿El mejor vino?

Imagen ilustrativa. Foto creada por drobotdean – www.freepik.es

He de decir que a pesar de ser domingo por la tarde y podría estar tomando vino, me siento a escribir con una cerveza (una Presidente, que está buenísima) y un guacamole que acaba de hacer mi esposa y está espectacular. Pero bueno, a lo que vinimos…

Cuando empecé a interesarme por el vino, lo primero que pensé fue: ¿cómo hace uno para probar los mejores vinos?, ¿cómo los diferencio? Para contestarme esas preguntas caí en la trampa de pensar que los más baratos eran malos y los más caros eran buenos (aunque algunos que son deliciosos, también son carísimos). También anduve con el argumento de que el viejo mundo (Francia, Italia, España), es mejor que el nuevo mundo (Chile, Argentina, Australia). En algún momento expresé que un vino con cuerpo (fuerte) era mejor y que los vinos más jóvenes no eran tan buenos.

La mejor de todas fue decir que los vinos rosados no eran vinos y que los que tenían tapa rosca eran terribles, porque no los cerraban con corcho.

Todo esto pasó, hasta que leí, pregunté y descubrí que las fake news también contaminan el maravilloso mundo de los vinos. Ya casi respondo cuál es el mejor, sigan conmigo.

Cuando uno empieza a adentrarse en este maravilloso universo, se da cuenta que más que una bebida, es un arte y más que sorbos, son momentos. Lo que sale de las botellas es el trabajo arduo de artistas maravillosos que vencen muchos obstáculos, el mayor de todos: la paciencia.

Por eso la primera regla para probar el mejor vino es hacerlo con calma y sin prisa (sobre todo porque recordemos que tiene alcohol, por lo que la velocidad no es buena compañera).

Desde que se define cuál será la botella para abrir, hasta el momento en que el líquido se vierte sobre una copa, hay que tener la paciencia y sobre todo la agudeza en los sentidos para disfrutar cada instante. Las etiquetas son verdaderas historias y los años, sin duda, constituyen experiencias que solo la calma nos permitirá apreciar.

En otras columnas hablaremos de esos temas más técnicos.

Luego de la elección de botella, uva, bodega, año, etc, viene algo fundamental y es con qué lo vamos a acompañar. Es verdad que un vino se puede tomar sin comer, pero desde esta columna defendemos la idea de que la comida con vino es más sabrosa y que un vino con comida, es algo más completo y redondo (así hablan los que saben, estoy repitiendo).

Y aquí podríamos decir lo que la vieja escuela repite una y otra vez: los blancos con mariscos y pollo, los tintos con carne y pasta con salsas fuertes, los espumantes para empezar, los rosados en un día de campo, etc, etc. Y eso es válido, pero lo cierto es que una vez más la calma se impone.

Hay que entender cuál es la mezcla de sabores que tendrá la comida, para poder sugerir la mezcla de vinos que tendremos desde el plato de entrada, hasta el postre. Todo puede tener un vino de compañía. También necesitamos compañía para que nos ayuden a caminar después de todo eso, pero bueno, eso es otra historia.

Al descubrir que mis ideas sobre el mejor el vino estaban equivocadas, me dediqué a entender el por qué de cada estilo, de cada zona, de cada bodega. Comprendí, por ejemplo, que no todos los corchos son de árbol de alcornoque. Son los preferibles, sí, pero lamentablemente la deforestación y el cambio climático están haciendo de las suyas y ya no hay tantos como quisiéramos y por eso hay muchos tipos de ¨corchos¨ que se ven como plásticos o como hechos de partes pequeñas, que al final los compactan y termina en una botella. También están las tapas roscas y eso no quiere decir que lo que viene adentro está mal. Para nada. Lo digo con conocimiento de causa (busquen un Yalumba y me cuentan).

También entendí que no existe un mejor vino. Pausa. Entonces por qué se titula así esta columna y por qué hay rankings mundiales que le dan un número a las botellas (quizá han visto que algunas botellas tienen un rótulo que dice 93ptos. Decanter). Tienen razón, existen esos rankings y muchas veces aciertan y esos vinos son maravillosos, pero solo es la percepción de algunas personas. Tampoco vamos a decir que no sirven (ya les dije que solo soy un aficionado). Esos rankings son serios y podríamos basarnos en ellos para comprar.

Para los que no saben, también existe una aplicación gratuita que se llama VIVINO. Ustedes la bajan y escanean las etiquetas de los vinos y la aplicación les indica qué tan bueno es y que tanto deberían pagar por él. No siempre acierta, pero es una opción. Pero bueno, me estoy desviando.

Foto creada por freepik – www.freepik.es

El mejor vino es… el que se comparte, el que se deja esperar por un tiempo y se abre con esa compañía maravillosa que nos hará pasar una noche o tarde especial. Es el que se acompaña de una cena especial o un almuerzo maravilloso junto a amigos queridos, que no veíamos hace mucho y nos encuentra alrededor de una mesa.

El mejor vino es que el que baja por la garganta despacito y explota en mil sabores. Es el que nos permite decir te quiero, perdón, aquí estoy, no me voy, he vuelto. El mejor vino sirve para enamorar, para olvidar, para gozar, para brindar y celebrar. Es el que se disfruta frente a un plato favorito o unas boquitas simples. Es el que nos encuentra solos en una noche de luna y nos permite escribir, pensar, meditar o simplemente gozar de una saludable soledad.

El mejor vino, al final, es el que a usted le gusta. Al que usted le permita gozar de cada sorbo, de cada minuto y ojalá lo haga parte de la compañía esperada. Es el que se disfruta a cada instante y nos hace pedir más (siempre con moderación).

Ya casi me termino la cerveza y el guacamole y sin duda abriré un vino para el resto de la tarde. Yo mismo me hice la boca agua, porque el mejor vino es el que a uno le de la gana y al final le ponga el alma contenta, para seguir viviendo pleno y feliz.

Luis Mastroeni

Luis Mastroeni

"Amor a primer mordisco" es una columna especial sobre vinos, cavas y maridaje, escrita por Luis Mastroeni. Mastroeni es periodista y maratonista, pero se ha desempeñado en otros ámbitos desde hace más de 20 años. Curioso de la cocina y el vino, tiene varios años inventando nuevos sabores y leyendo sobre gastronomía, bebidas y otras prácticas culinarias. Hace un par de años, junto a su esposa, lanzó "Cocina Con Amor", un espacio en Instagram donde comparten recetas y momentos bonitos como parte de este aprendizaje continuo.

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