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Cuento Corto: “Un ciclo más”

 Cuento Corto: “Un ciclo más”

Imagen ilustrativa. Tomada de EFE Verde.

Me encantaba cuando me evaporaba a mediados de marzo y colgaba del borde de una nube; desde arriba Santa Ana se empieza a llenar de puntos amarillos y rosados de los robles sabana y los corteza amarilla floreados, un poco acá y otro por allá, el zacate seco por el fuerte verano, empieza a mancharse de verde con la lluvia de las guarias y aquello se vuelve un paisaje hermoso que musicalizan las chicharras que al fin conseguían salir de la tierra.

En una planicie cerca de algún cerro de Salitral, sobre un tapete descansaban un hombre y una mujer, hablaban de vez en cuando, él parecía arrepentido y ella no quería dejarse convencer, esta vez no. Escapando de la realidad jugaban a encontrar figuras en las nubes; ella un perro, él un tiburón, ella una jirafa, él un oso de peluche, ella la libertad, él de carcelero.

Yo conocía toda la rutina, desde acá arriba la había podido ver muchas veces, pero aquel día era diferente, ella parecía decidida y él no dispuesto a negociar. La nube a la que pertenecía se movió un poco hacia ellos de manera que pudiera hacerles sombra, el viento se detuvo y la presión anunciaba que podíamos caer en cualquier momento, fue entonces cuando me posé justo encima de ella, parecía que algo estaba a punto de suceder. Un ciclo llegando final, como todo, cíclico, como yo ahora gota, a veces charco y otras río. 

Él se hincó frente a ella, ella se sentó de cuclillas y respirando profundo escuchó todo lo que aquel arrepentido hombre tuvo que decir, no le creyó ni una palabra, había escuchado ese discurso unas tres veces. Terminó él y ella quedó en silencio por casi un minuto, respiró profundo nuevamente y en medio de una risa casi imperceptible le dijo que ya era suficiente y una lágrima se asomó por el rabillo de su ojo.

Ella se veía feliz y yo también lo estaba, entonces me dejé caer desde mi nube hasta la cara de ella y me uní a su lágrima para deslizarme por su mejilla hasta terminar en la comisura de su boca, rápidamente con la punta de su lengua nos metió a su boca y ahí disfrutamos de auténtica felicidad. De pronto desde dentro comenzó a brotar sangre y en el segundo siguiente, en un tosido estábamos fuera de ella siendo parte de una enorme mancha roja.

El tipo limpió su puñal y se retiró.

Ese día junto a su lágrima nos hundimos en la tierra y fuimos alimento de alguna planta que al día siguiente floreció y empezamos un nuevo ciclo, uno más. Le enseñé a ser nube y le expliqué cómo vivir en este mundo, aceptando el dolor y la desesperanza. 

A los pocos días me volví a evaporar, me colgué de una nube y eché un vistazo al paisaje, todo seguía igual pero ya no habían puntos de colores, todo era gris, en lugar de chicharras se escuchaba un llanto ahogado y en el sitio donde encontraron el cuerpo, el tipo junto a la familia, erguían una cruz para recordarla siempre, él intentó llorar pero de sus ojos no salió ni una lágrima. Le pedí a todas las gotas que cayéramos y terminamos de borrar aquella mancha que ahora era negruzca y así lo hicimos en un aguacero que obligó a todos a huir a sus casas. “Extraño un aguacero en marzo” decían.

Un ciclo más empezaba.

Edgardo Sibaja Araya

Edgardo Sibaja Araya

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Cuentista y novelista. Autor de dos libros publicados: "Creo que fue la Soltería" y "Lúcido". Joven vecino de Salitral de Santa Ana.

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