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¿Cómo y por qué “rehumanizar” nuestra convivencia?

 ¿Cómo y por qué “rehumanizar” nuestra convivencia?

Foto de Personas creado por rawpixel.com – www.freepik.es

La interacción que tenemos a diario con las personas que nos rodean en la familia, en el estudio, en el trabajo, en el vecindario o en cualquier contexto social, requiere de toda nuestra atención para lograr relacionarnos de una manera constructiva, ya que nuestra vida está marcada por las relaciones que logramos cimentar a lo largo de nuestra vida.

¿Y cómo hacemos para establecer relaciones humanas constructivas?

Varias teorías del desarrollo humano nos explican cómo aprendemos a socializar. Nuestro primer núcleo social es la familia y las personas que nos cuidan desde los primeros días de vida. Allí se comienza a modelar nuestro aprendizaje social.

Más adelante, cuando empezamos a relacionarnos con otras personas externas a nuestro núcleo familiar, vamos ampliando nuestra red social y vamos aprendiendo a relacionarnos de otras formas.

Según Viktor Frankl, cada ser humano existe y se define a través de su relación con las demás personas (Salinas-Romero, 2016). Para aprender a convivir con otras personas se debe reforzar el ser (dimensión existencial de la persona a través del desarrollo de los valores) para autotrascender y servir a los demás.

La socialización es parte esencial del aprendizaje, tal y como lo afirma Lev Vygotsky. Cada quien aprende mientras socializa y comparte con otras personas. Esto implica que el desarrollo personal y el aprendizaje no pueden ser entendidos sin el contexto en el que se convive con otros seres humanos (Manrique, 2013).

Imagen ilustrativa. Foto creada por pressfoto – www.freepik.es

Por otro lado, la interacción social no sólo contribuye al aprendizaje del individuo, sino que también fortalece conductas y valores relacionados con la convivencia humana, tal y como lo afirma Bandura (Jara, Olivera y Yerrén, 2018). Sin embargo, la interacción social también puede moldear conductas violentas, las cuales se aprenden por observación e imitación. Es decir, no es necesario que una persona practique acciones violentas para que las aprenda. Con sólo que las observe, ya las habrá aprendido.

Lo anterior nos lleva a reflexionar profundamente qué ven los niños y niñas en los medios de comunicación y en las redes sociales, porque esto va a moldear sus conductas sociales. De la misma forma, nos lleva a pensar seriamente en lo que observa una persona en el cine, en la televisión, en las redes sociales, iniciando desde las noticias hasta el entretenimiento. ¿Qué tan expuestos estamos ante la violencia? ¿Cómo dejamos moldear nuestras relaciones sociales a partir de todo lo que observamos? ¿Estamos permitiendo que cada vez más se normalice la violencia en cualquier tipo de relación?

Cada día más las conductas violentas se presentan como una epidemia, como un problema de salud pública y van penetrando todos los espacios y estratos de la sociedad, como lo afirma Ferrel (2015). Esto amenaza la convivencia social, la salud, la educación, la productividad, el desarrollo humano, la felicidad, en fin, cualquier actividad en la que convivan las personas.

Sin embargo, así como Bandura afirma que las conductas violentas se aprenden con sólo observarlas, aunque no se practiquen; de la misma forma, las conductas constructivas de las relaciones humanas se pueden aprender por observación y práctica, principalmente cuando a estas se les da un gran valor social. Es decir, si reforzamos fuertemente las conductas pro sociales y los valores, estaremos reforzando la sana convivencia entre las personas y así irradiaremos de una cultura de paz que rehumaniza las relaciones interpersonales.

¿Cuáles son los valores que debemos desarrollar todas las personas para rehumanizar nuestras relaciones?

Existen tres tipos de valores que nos permiten ser mejores personas y trascender nuestras propias vidas. Estos son los valores de:

  1. Creación, que tratan de todo aquello que podemos entregar a las personas para que su vida tenga sentido, es decir, luchar por una meta que valga la pena.
  2. Experiencia, que se refiere a todo lo que el mundo tiene para ofrecerme, para regalarme y que enriquecen mi vida
  3. Actitud, se refieren a la decisión y la inclinación afectiva con la que nos vamos a enfrentar ante las situaciones difíciles, con valentía, resiliencia, fortaleza, aceptación

Si ponemos en práctica los valores anteriores, sin duda rehumanizaremos las relaciones entre las personas. En síntesis, para mejorar nuestra convivencia social y construir una verdadera cultura de paz debemos:

  1. Escuchar activamente a las demás personas
  2. Comunicar el mensaje en la forma, lugar y tiempo adecuado
  3. Mostrar empatía en las relaciones interpersonales
  4. No desatender la comunicación directa, aunque estemos intercomunicados a través de las redes sociales.
  5. Estimular el desarrollo de los valores personales y sociales, que permiten una buena convivencia.

Tomemos conciencia de la importancia de poner nuestro esfuerzo por ser mejores personas y convivir armoniosamente en un ambiente de paz en el que exista el respeto, la aceptación y la ayuda mutua.

 

Referencias

Ferrel, R. (2015). Aproximaciones a la comprensión de la conducta pacífica en jóvenes escolares: una perspectiva desde la psicología positiva. Pensando Psicología, 11(18), 153-16. Recuperado de: https://revistas.ucc.edu.co/index.php/pe/article/view/1225/1547

Jara, M., Olivera, M. y Yerrén, E. (2018). Teoría de la personalidad según Albert Bandura. Revista de investigación de estudiantes de Psicología “Jang”, 7(2), 22-35,

Manrique, Z. (2013). La teoría de Vygotsky y el pensamiento crítico en los docentes del Instituto Superior Pedagógico de Huancavelica. Revista del Encuentro Científico Internacional, 10(1), 94-99. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4814581

Salinas-Romero, J. A. (2016). La convivencia escolar en el nivel secundaria a partir de la Logoterapia. Revista Ra Ximhai, 12(3), 355-364. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=46146811025

Eugenia Rodríguez Ugalde

Eugenia Rodríguez Ugalde

Profesional con formación académica en el campo de la Psicología, Psicopedagogía, Administración Educativa y la Pedagogía. Con más de 25 años de experiencia docente universitaria e investigación. Puntualmente: Licenciada en Psicopedagogía, Universidad Nacional de Costa Rica; Máster en Psicología de la Salud, Universidad Independiente de Costa Rica; Doctora en Investigación Educativa, Universidad Latina de Costa Rica; Máster en Administración Educativa, Universidad Latina; Licenciada en Administración Educativa, Universidad Latina de Costa Rica y en Educación con énfasis en I y II ciclos, Universidad Estatal a Distancia.

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